#ElFilmSemanal: Once Upon a Time in… Hollywood

#EnGlobal: ✭✭✭✭✭✭✭✩✩✩

Quizá sea la película menos tarantiniana que ha hecho el cineasta hasta la fecha, pero también es la más personal. Libre de lastres estéticos y de tono, Quentin Tarantino se rodea de la que probablemente sea la pareja artística del momento, Leonardo DiCaprio  Brad Pitt, para ofrecernos una buddy movie muy particular, transgrediendo la realidad de Los Angeles en 1969 para, no obstante, homenajear el cine de una época que se estaba reinventando en el que quizá es el reflejo más honesto del mundo del cine que se ha hecho en años. Más de 2 horas y media de (mal)vivencias de un actor televisivo, Rick Dalton (un desatado Leonardo DiCaprio como un excelsamente sobreactuado actor) que intenta labrarse una carrera en el cine, con el único apoyo de su amigo, confidente y además doble de acción, Cliff Booth (un comedido Brad Pitt que se come la pantalla en cuanto aparece). Como vecinos en la mansión de Dalton, una angelical Sharon Tate (Margot Robbie está literalmente encantadora) con Roman Polanski. Y como amenaza en las sombras, la secta de Charles Manson y el incipiente Nuevo Hollywood. Quizá Tarantino se regodea demasiado en el (perfecto) continente que ha sabido plasmar, y le ha faltado cuajar un contenido algo irregular en tono, pero el cuento de hadas que cuenta deconstruye tan bien el cuanto de hadas que decía ser Hollywood, que su noveno film no puede más que aplaudirse.

En Érase una vez en Hollywood (Once Upon a Time in… Hollywood, 2019) no hay longevas escenas con titánicos y mordaces diálogos, ni un ejercicio de estilo, ni violencia (salvo cuando es extremadamente necesaria, y sin escatimar crudeza). Aquí Quentin Tarantino ofrece cine como concepto en sí mismo; o un tipo de cine como forma de vida, mejor dicho. Esto y nada más es lo que encontrará un espectador que quizá se vea aturdido por la amalgama de anécdotas encadenadas en la road movie interpretativa a la que se ve sometido Rick Dalton, un actor televisivo de éxito y que ve como su fulgurante carrera se pulveriza ante sus ojos, que ven un Hollywood donde las majors no saben qué rumbo tomar y donde poco a poco la nueva generación de directores (Spielberg, Scorsese, Coppola, De Palma) tomarán el mando. Y quizá deliveradamente, quizá no, Tarantino genera la misma sensación en esta película que la que genera Wagner en su Tetralogía: lo que pasa fuera de escena es algo enorme, de proporciones épicas, pero sólo vemos el micromundo resultante que afecta a nuestros protagonistas, a quienes es imposible no coger cariño.

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Margot Robbie es una adorable, inocente y hippie Sharon Tate muy preocupada del qué dirán de sus papeles en el cine (sin entrar en el terreno de los spoilers, de eso va una de las mejores metasecuencias de la película). Brad Pitt es un personaje con multitud de luces y sombras, y que disfruta del anonimato de vivir detrás de la estrella Rick Dalton, un Leonardo DiCaprio que se ríe de las burlas sobre sus recientes (sobre)actuaciones balanceándose entre la sobreactuación ante las cámaras que lo filman, y el patetismo que le invade tras ellas. Y a modo de Paul NewmanRobert Redford, la pareja Pitt-DiCaprio funciona como un reloj en esta mirada entre poética y mística, creyente (el cine como religión), donde una minuciosa reconstrucción del reflejo de un mundo como el del celuloide (con películas, series, posters y rodaje de secuencias enteras, todo ejecutado a la perfección, y todo fake), hará las delicias de quienes amen el cine como arte y como industria. Quizá el guión “no cuenta nada”, pero el enorme subtexto que hay en multitud de escenas aparentemente banales es una auténtica obra de arte.

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Tarantino ya no debe explicaciones a nadie, y ha hecho literalmente lo que le ha dado la gana: un homenaje a su niñez en un Los Angeles copado del star-system del viejo Hollywood y que necesitó renovarse para no desaparecer; como desaparecía también el movimiento hippie, y la sensación de paz y amor que moldeaban, de las que Charles Manson se encargó no sólo de ser el brazo ejecutor, sino en cierto sentido juntar ambas hecatombes en una sola. Pero quizá tanta honestidad fílmica, lamentablemente choca con un Hollywood esencialmente flotando en un mundo paralelo al nuestro (como ya hizo en Malditos Bastardos (Inglorious Basterds, 2006)), lo que junto a un exceso de onanismo y divagación cinematográfica le resta algún punto.

ONCE UPON A TIME IN… HOLLYWOOD
(USA, 2019; dtor: Quentin Tarantino)
Tono
Guión
Montaje
Actores
Sonido
Música
Foto
Visuales
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