Terrormolins 2019 (parte 1, inauguración)

Proyecciones comentadas
Un Chien Andalou
In the Trap
✭✭✭✭✭✭✭✭✩✩
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Llegaba el frío polar a Catalunya el viernes 8 de noviembre de 2019, y eso sólo puede significar una cosa: la llegada del Festival de Cinema de Terror de Molins de Rei, que predice el advenimiento del frío gélido mejor que esa conocida empresa de grandes almacenes. Y ese mismo viernes, acudíamos a Molins de Rei para cubrir como prensa la inauguración de la 38 edición de Terrormolins, con el surrealismo como leitmotiv. El ambiente era inmejorable, con una nueva instalación que incluía tanto el photocall como las taquillas y el stand de merchandising, y el teatro de La Peni lucía inmejorable, con un juego de luces psicodélico y una gran cola de gente esperando para entrar en la sesión inaugural del certamen.

Y qué mejor forma de personificar el surrealismo cinematográfico, tras la presentación de Roger Sàbat, y como bien contaba el director del festival Albert Galera desde el escenario, que proyectar en la gala de inauguración Un Perro Andaluz, en pantalla grande y con la interpretación de una inédita banda sonora en directo, ecléctica y creada para la ocasión por el artista Adrià Bofarull. Un Chien Andalou (1929), la eterna obra de Luis Buñuel a cuatro manos con Salvador Dalí, cumple además 90 años de su rodaje; 90 años en los cuales dicho cortometraje sigue siendo rompedor, innovador, y para muchos, invisionable. La scena inicial del corte del ojo, nube de luna mediante, y un sinfín de inconografia como la mano llena de hormigas, los contraplanos anacrónicos y el juego del tiempo y el espacio para narrar la eclosión de un sueño de Buñuel y otro de Dalí, que decidieron convergir en un único guión inclasificable. Como inclasificable fue la música de Bofarull, secuenciada e interpretada desde el escenario con su ordenador; electrónica en su alma y base, jugando al metacine con atmósferas como si fuera la banda sonora de Annihilitation pero pasada de vueltas y con incluso comportamientos erráticos, como si “saltara” la música imitando el “salto” del celuloide en proyección. Muy ambiental pero poco narrativo y menos aún dando interpretación personal del corto, pero con una factura sonora muy valiente y que quedaba anacrónicamente atrayente con el corto.

Y como colofón final, uno de los programadores, Miquel Pastor, hizo de maestro de ceremonias y dio la bienvenida al escenario al cast y al director de la película inaugural, In the Trap (2019), italiana pero con una factura totalmente hollwoodiense y alejada del giallo (de hecho estaba rodada en inglés). Hay que reconocer la capacidad innovadora del film dentro de un género como es el de presencias demoníacas y exorcismos, nadando continuamente entre el terror sobrenatural y el psicológico, con grandes focos en los dogmas de fe religiosos y los abismos de la locura, pero el guión quizá da demasiadas vueltas sobre el mismo concepto, confundiendo demasiado, para además ofrecer un final demasiado abierto. Sin embargo, In the Trap logra un tono muy interesante para contarnos el infierno (sic) que vive un hombre desde pequeño, siendo atormentado en su propia casa por un ente maligno y que únciamente encuentra refugio en la religión; tormento que se descontrolará cuando su prometida se instale con él, provocando una serie de acontecimientos que forzarán un enclaustramiento durante dos años y una huida demasiado fuerte del mundo real. Lástima que a veces el guión y la dirección de Alessio Liguori no sepan hacia dónde tirar, o qué quieren contar realmente, porque su diseño de sonido y fotografía son notables.

La programación como tal se había acabado hasta el dia siguiente, pero quedaba la fiesta de inauguración en el local Baccus del mismo Molins de Rei, donde tuvo lugar un pequeño concierto en vivo donde se cantaron canciones relacionadas con el surrealismo, como la mítica Blue Velvet del film del mismo título, obra cabal de David Lynch.

Aún más surrealista fue la vuelta a casa, con calles abiertas por obras, paradas de nitbus literalmente desaparecidas y materializadas en sitios desconocidos, esos 40 minutos a la intemperie resguardado tras una columna y una suerte de nekobus de Tonari no Totoro aparecido de la nada que decidió recogerme al verme muerto de frío y sin forma de llegar a casa, aun no siendo su parada reglamentaria. Pero eso es otra historia…

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