#Editorial: ¿Qué pasó con los conciertos de bandas sonoras?

Este mes de noviembre han marcado los inicios cinéfilos para los conciertos sinfónicos en auditorios. El mismo 1 de noviembre la OBC interpretó en directo la banda sonora que Danny Elfman compuso para Pesadilla Antes de Navidad, Nightmare Before Christmas, y la Orquestra Simfònica del Vallès ha dedicado un concierto a John Williams con la presencia y la voz de Salvador Vidal, como ya hizo en verano de 2018. Pero el plato con más glamour llegó el pasado 24 de noviembre, cuando Roque Baños en persona acudió a Barcelona para dirigir a la Banda Municipal de Barcelona interpretando su propia música. Y eso me hizo pensar en el éxito (o no) de las convocatorias de este tipo de conciertos.

Hace años que en Barcelona hay conciertos de música de cine. Recuerdo haber ido a L’Auditori de Barcelona a inicios de siglo y ver a la OBC realizar conciertos basados en música de cine de un compositor “homenajeado”: desde John Williams a Jerry Goldsmith (que incluso tenía que asistir él mismo, era 2003, pero por enfermedad no pudo ser), pasando por otros menos “famosos” fuera del mundillo, como Elmer Bernstein que vino él mismo a dirigir a la orquesta interpretando su música.

También recuerdo esos programas de Catalunya Música los domingos por la tarde que hablaban de “el concierto OBC de la semana” con críticos musicales hablando de las bandas sonoras como “música popular que congrega a más gente porque es música más asequible, de nivel compositivo poco alto y sin trascendencia”. Me pregunto qué dirían ahora esos “expertos” en música sinfónica al ver a la mismísima Deutsche Gramophone publicar un álbum con la virtuosa violinista Anne-Sophie Mutter interpretar la música de John Williams: el excelente Across the Stars que reseñamos aquí hace unas semanas. Pero eso es otro tema.

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El caso es que fue 2017, cuando el mismo Alexandre Desplat vino a dirigir a la OBC, la última vez que eso pasó en Barcelona, hasta este domingo pasado. Y no deja de ser curioso que la principal orquesta de Catalunya, la OBC, tenga en su programa únicamente eventos del tipo “Live in Concert”, que son un auténtico acontecimiento y una oportunidad única de oír toda la música de un film en directo. Y que cuando un compositor/director de renombre como Roque Baños venga a dirigir su propia música y sus propios arreglos, lo haga con la Banda Municipal, también residente en L’Auditori pero con una proyección mediática a todas luces menor.

Parece que aquí, un concierto de bandas sonoras sólo venda si es con la película (o el material audiovisual relacionado) en proyección, o venga macroespectáculo de luces y pirotecnia mediante. Que venga el propio compositor encargado de esas notas no parece bastante reclamo. Incluso parece que la música sea lo de menos. Aún recuerdo, indignado, ver multitud de gente irse con los créditos de los “Live in Concert” de La La Land y de Harry Potter y la Piedra Filosofal, con la orquesta interpretando en directo la música de esos créditos. O cómo cuando acudí al “Live in Concert” de Titanic, mucha gente me preguntó que por qué fui, si “la peli es un rollo”. Vaya, y yo creyendo que esos eventos eran conciertos, y que ibas por la música.

No malinterpretéis mis palabras: no intento categorizar al público como “de primera” y “de segunda”. Sea por la razón que sea que la gente vaya, lo cierto es que para los que amamos la música cinematográfica es buenísimo que se programen cada vez más conciertos de este tipo, y que no únicamente se centren en el cine: el anime, como Dragon Ball Symphonic Adventure, o los videojuegos, como la Zelda Symphony of the Goddesses, así como las series como Game of Thrones empiezan a disfrutar de estos fantásticos eventos; eso sí, siempre con grandes audiovisuales y espectáculo acompañando a la música, primando más el espectáculo que el cómo se interprete la música en sí.

Sin embargo me pregunto: si esos conciertos fueran como cualquier concierto sinfónico, y eliminaran sus espectáculos de luces y sus audiovisuales, ¿habría el mismo interés? ¿acudiría el mismo volumen de público? Sería el mismo concierto, la misma música, de los mismos compositores y orquestadores, la misma banda sonora que gusta y por la que (en principio) la gente compra su entrada. Y estoy lamentablemente seguro de que no sería así.

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La Film Symphony Orchestra acarrea éxitos multitudinarios con sus giras por toda la península año tras año, y casualidad o no, acompañados siempre de su espectáculo de luces discotequeras, y su director Constantino Martínez-Orts salido de Matrix. Y al mismo tiempo, la Royal Film Orchestra está intentando lo mismo con interesantes giras de bandas sonoras, como la focalizada en John Williams y Hans Zimmer y a la que asistimos, mucho más solemnes y serias, sin luces ni pirotecnia ni audiovisuales, pero con excelente ejecución; y mucha menos popularidad. Y asimismo, ¿que ocurriría con películas/videojuegos/series que no gozan de buena opinión aunque su música sea excelente? The Lord of the Rings tiene versiones “Live in Concert” y llenan todos los pabellones a los que van, como L’Auditori a inicios de este año. Pero ¿ocurriría lo mismo con la trilogía The Hobbit, con una excelente música de Howard Shore con el mismo sentido narrativo y dramático y con la misma alma de poema sinfónico que la de la trilogía “buena”? No lo creo.

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