Nits de Cinema Oriental de Vic 2019 (día 4: Japón)

El 4o día amaneció conmigo sin voz por culpa del resfriado que llevaba asomando desde que llegué a Vic, y que el frío nocturno de la noche anterior en la Bassa dels Hermanos durante la proyección del último film familiar de Jackie Chan. Pero el día dedicado a Japón, y éste empezaba a las 10 de la mañana con la proyección de un tokusatsu de la factoría GIGA como era Yatsurugi 8 (2019), cita imperdible por estar enfocado. No fue tan épica como la sesión del año anterior con Yatsurugi, Kisara y la kawai Mini-Kisara, los protagonistas de Heroes Unite (2018) , con su “vestuario de trabajo”, pero Yatsurugi 8 no defraudó para nada, con ese personaje tan entrañable como Tomataro, un tomate antropomórfico que acompañaba a nuestros héroes en la defensa de la raza de las superverduras, atacadas por una nueva amenaza que se cierne sobre la ciudad de Chiba.

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Y después de esta entrañable película, llegaba uno de los platos fuertes de la retrospectiva Thai Action con Raging Phoenix (2009), película que el festival recuperaba después de su estreno en las Nits diez años atrás, y que es un auténtico espectáculo de cinematografía y coreografías del sempiterno Panna Rittikrai, donde la galardonada por las NitsJeeja Yanin, es la protagonista de un film donde, aliándose con tres chicos más, intentarán destruir una misteriosa mafia que secuestra chicas para lucrarse en el mercado negro mediante un cruento experimento. De impecabilísima factura, Raging Phoenix tiene un lugar especial en el Olimpo del cine de acción tailandés por ser el lugar de invención de una nueva arte marcial obra de, cómo no, Panna Rittikrai; mezcla de Muay Thai y Capoeira, y recibe el nombre de Meyraiyuth. Y por si fuera poco, debe practicarse borracho para poder eliminar de la mente los pensamientos y seguir únicamente la intuición.

Tiempo para comer, y llegaba el momento de la proyección de Spring Sparrow (2019), película que ya se había presentado la noche anterior en la Bassa y que volvía a contar con la presencia de su debutante directora, Li Jingxiang, y el actor Luo Shaoqian que interviene en la película y que usó divertidísimamente el traductor de su smartphone para todo lo que dijo él en mandarín, con algún que otro fail del teléfono pero que arrancó aplausos del público. Spring Sparrow es la opera prima de Li Jingxiang y en ella se envuelve de su propio pasado (la infancia de su padre), con el éxodo rural de los años 80 en China hacia Beijing, en una época donde no existía la política del hijo único y donde la capital simbolizaba un lugar de oportunidades tanto laborales como de estudio. Filmada con mucha delicadeza y con un acertadísimo tono de documentalJingxiang cuenta la historia iniciática de 4 amigos que marchan a la capital a lucrarse con la nueva economía de mercado y la modernización estatal. Sencilla a la par que potente, sus 87 minutos te enganchan desde el primer minuto y llegas a empatizar con unos personajes perdidos que buscan desesperadamente huir de su contexto y labrarse un futuro. Genial película y que tuvo un interesante Q&A, conducido por Ricard Planas (especialista en cine chino que presentaría días más tarde su nuevo libro en el festival), donde la directora desveló que parte del guión estaba basado en hechos reales de su familia paterna, incluso usando la casa familiar como localización real del rodaje para la china rural en esta Spring Sparrow.

Y después de un ejercicio intimista y bello sobre la vida en la China de los 80, llegábamos a lo que prometía ser la locura del festival; un film japonés guionizado por Sion Sono sobre una universitaria que sufre bullying y se refugia leyendo un libro antiguo de la biblioteca, sobre el ninja Hiro. Pero el refugio es tan total que las discípulas del ninja se le aparecen y se la llevan al interior del libro, para recibir entrenamiento. A partir de aquí, se desencadena un argumento que cruza los dos mundos, y donde el villano del libro y el empresario que tormenta a la familia de la chica se parecen más de lo que debería. Red Blade (2019) es una cinta de acción japonesa muy femenina, que combina la mitología ninja con las dimensiones paralelas, pero que una historia demasiado obvia y situaciones quizá demasiado estiradas pese a los breves 100 minutos de película dejan una sensación de que, saliendo de la mente de Sion Sono, podría haber sido algo mucho más potente y loco. Junto a Homestay, que vimos el segundo día de festival, y The Man Who Feels No Pain, que veríamos días después, formarían el tríptico de promesas fallidas…

Era el turno de la cena en la Bassa que tradicionalmente atrae a más público, la japonesa, y las exhibiciones al aire libre de Kenjutsu, Iaido, Samurai Jujutsu y Karate Do, con palabras del cónsul de Japón que, como cada año, visita las Nits en el día dedicado a su país, y presentando Under One Umbrella (2018), una tragicomedia que el mismo Takayuki Takuma adapta al cine a partir de su propia obra de teatro, una historia coral, claramente humorística y con pequeñas dosis de thriller, en la que la búsqueda de su padre, 25 años desaparecido, lleva a una chica a un pequeño pueblo donde él ha construido una nueva vida, incluso cambiando nombre y apellidos. El por qué de todo, y los extravagantes personajes del pueblo a quienes conocerá, con sus propias subtramas, teje una divertida y amenísima película bajo un extraño y atrayente ecosistema parecido a Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch’tis, 2008). 

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Pero antes, David MuñosWiman Gonzalez, director y actor del cortometraje Mi Nombre es Koji, que ya vimos el pasado Sant Cugat Fantàstic, presentaron dicho corto pero con un nuevo montaje: después del premio que les permitió viajar a Japón, aprovecharon el viaje y rodaron un épico epílogo post-créditos con la ayuda de Takuya Fukushima, con decenas de extras japoneses en el famoso cruce de Shibuya huyendo de un robot maligno, y Jacinto con su Mazinger Z apareciendo en escena. Epílogo que presentaron en las Nits en primicia, y que rubrica Mi Nombre es Koji un proyecto genial de metaconcepto sobre Mazinger Z.

Y por si fuera poco, la noche terminaría, como todo jueves de las Nits de Cinema Oriental de Vic, en la Jazz Cava pero esta vez con la primera edición del Karaoke Friki. Pero eso lo dejaremos para el siguiente capítulo de la crónica…

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