Gloria a El Cor Canta

En Catalunya hay mucha afición al canto coral. Son de sobras conocidos los eventos participativos realizados en el Palau de la Música o L’Auditori de Barcelona, como “El Mesías de Händel participatiu” o programas como Canta amb l’OBC. Y precisamente de éste último surte El Cor Canta, una agrupación coral amateur de 140 voces, de niveles musicales muy diversos. Y eso es muy importante para poder entender la magnitud de este proyecto, que tuvo su presentación oficial al gran público el pasado 23 de febrero de 2019 en L’Auditori de Barcelona con un programa evidentemente coral, pero también de celebración y enaltecimiento de este tipo de música: el maravilloso Magnificat de John Rutter y una obra totalmente nueva, expresamente a Albert Guinovart para la ocasión, un Gloria en premiére absoluta. Para ello, fueron acompañados por otra formación jóven, la GIOrquestra, y por una talentosa soprano como Marta Mathéu, con quien Guinovart ya trabajó para su Réquiem.

Sin duda es toda una declaración de intenciones programar un recital sinfonico-coral con obras de compositores no sólo contemporáneos sino aún en activo como son Guinovart (1962) y Rutter (1945); todo un reflejo de juventud y ganas de un proyecto como El Cor Canta donde su presentación al público estuvo basada en obras muy melódicas, muy rítmicas y con harmonías tonales. Algo sin duda muy agradecido y agradecible tanto por los cantantes como por la audiencia; nada que ver con las disonancias que a menudo ejercitan compositores como Karl JenkinsHoward Goodall, por citar dos ejemplos de británicos también en activo. Pero igualmente, nadie ha dicho que interpretar a Rutter sea sencillo, pues aunque las harmonías sean tonales, sus tesituras son bastante extremas. Así, el famoso Magnificat anima meam que abre el Magnificat, y abrió el concierto, sonó con una fuerza y una pasión absolutamente increíbles. ¿Se han oído coros mejores? Sin duda, estamos ante un coro principalmente amateur. Pero el coraje para afrontar música litúrgica de alto nivel está acorde al resultado final: realmente convincente. Mi más sincera enhorabuena a Elisenda Carrasco y Pere Lluís Biosca, directores de El Cor Canta, por el fenomenal trabajo realizado.

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Llegamos al descanso, después de disfrutar de la voz de Marta Mathéu que supo en todo momento solemnizar sus momentos y a su vez acompañar a las 140 voces de El Cor Canta, todo ello revestido de una GIOrquestra a la que oía por primera vez, pero a la que el registro sinfónico de Rutter le sentó como un guante, controlando la epicidad y el lirismo en sus justas medidas bajo la batuta de Elisenda Carrasco. Y después de escuchar algo tan magno como es el Magnificat de Rutter, quedaba la premiére del Gloria de Albert Guinovart: una deliciosa composición hecha a propósito de este evento, y dirigida por el otro director, Pere Lluís Biosca. Y el “a propósito”, por cierto es literal: Guinovart no sólo conocía al coro, y fue modificando las líneas melódicas para adecuarlas a las capacidades de las voces de El Cor Canta durante los ensayos; también conoce a la GIOrquestra con lo que compuso pensando en ellos, y hasta tuvo en mente a Rutter y su Magnificat: adaptó el Gloria para los mismos instrumentos que la cantata del británico para conformar un concierto tratado con mimo al más mínimo detalle.

El resultado: una obra dividida en 7 partes con un sonido análogo a Rutter, menos extrema en registro vocal pero mucho más compleja en ritmos y sentido dramático. Prueba de ello es el Laudamus Te en un sorprendente 5/4 muy travieso que ponía en jaque a cantantes e instrumentistas, y del que salieron triunfantes, así como un pasaje con el órgano de iglesia como protagonista, muy en el tono de The Omen (1976) de Jerry Goldsmith con esos épicos coros conjuntados, y secciones líricas dignas de sus melodías para Mar i Cel. Todo en unos 40 minutos y 7 movimientos realmente sobrecogedores y en los que se sirve de interludios puramente sinfónicos para ir presentando leitmotifs que irán surgiendo a lo largo de esta Gloria para disfrute y deleite de las 140 voces repartidas en 4 líneas melódicas principales, y que convergerán todos juntos en el último movimiento, que culmina en un amen inédito que rubrica una de las composiciones más humanas y narrativas que le he escuchado a Guinovart. Brutal.

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Y poder, al final del concierto, verte con el mismo Albert Guinovart y poder felicitarlo como es debido, inmortalizando el momento con una foto compartida con uno de los directores del concierto, Pere Lluís Biosca, es todo un honor.

 

 

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