Crónica: El violín de Leticia Moreno y la OCM

Es habitual que formaciones sinfónicas intenten ofrecer piezas poco usuales en sus programas, pero es poco usual que todo un programa sea así. Pero la Orquestra Simfònica Camera Musicae ha decidido romper bastantes moldes y ofrecer un conjunto de composiciones altamente atractivas, vivas y pasionales, y lo más importante: todas del siglo XX. El fin de recital estuvo coronado por Stravinsky y su flamante (nunca mejor dicho) Pájaro de Fuego, pieza que Disney llevó al cine con una de mis secciones favoritas de su Fantasía, pero el gruego inicial del concierto fue protagonizado por música argentina: Estancia, de Alberto Ginastera, y las llamadas Cuatro Estaciones Porteñas del genial Astor Piazzolla, que fue capaz de casar perfectamente la música sinfónica y el tango argentino.

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Y protagonizando esas Cuatro Estaciones Porteñas, la joven y talentosa violinista Leticia Moreno, quien desde que fue ECHO Rising Star en 2012 y se la etiquetó de “estrella emergente” ha logrado quitar con creces lo de “emergente” para girar y tocar con las más prestigiosas orquestas y batutas europeas. Y este pasado 25 de noviembre de 2018, el Palau de la Música y la Camera Musicae fueron sus anfitriones de lujo.

Tal y como explicó Sofía Martínez Villar, autora del libreto y que salió a escena en una novedad de esta temporada para introducir al lleno del Palau las tres composiciones, hizo especial hincapié en que ninguno de los tres compositores concibió las tres obras tal y como se iban a interpretar ese domingo. Ginastera Stravinsky reescribirían sendas suites a partir de sus propios composiciones para los ballets homónimos, pero Piazzolla escribiría cuatro tangos entre 1965 y 1970 de forma totalmente independiente y sin ninguna intención superior; fue el compositor ruso Leonid Desyatnikov quien, vinculando esos cuatro tangos a las famosas Cuatro Estaciones de Vivaldi, los arregló para orquesta de cuerda y violín virtuoso solista con multitud de matices y emociones. Una suite en cuatro movimientos (verano, otoño, primavera e invierno, en este orden) absolutamente embriagadora, con la pasión del tango, el virtuosismo de grandes conciertos para violín y orquesta y un sinfín de colores y sonidos mezclados a la perfección, donde el violín solista tiene que ser usado de forma excepcional pero también poco ortodoxa para darlo todo de sí.

Y aquí es donde entra el talento de Leticia Moreno. Solo con ver como las cuerdas de su arco saltan por los aires durante la ejecución de esas Cuatrio Estaciones Porteñas por el desgaste técnico y emocional que suponen uno puede hacerse a la idea de lo que está viendo. Porque puedes escuchar la grabación que ella misma hizo para Deutsche Gramophone en el álbum “Piazzolla”, de la que adjunto el trailer, pero ver a Leticia Moreno unida a su violín con esa energía desbordante, ese talento para sacar sonidos que yo ni sabía que el violín era capaz de emitir e interpretar esas complejísimas líneas melódicas, junto a esa capacidad para ir de la pasión más violenta al lirismo más romántico como si nada, deja sin aliento. 

El arropaje que la Orquestra Simfònica Camera Musicae ofreció a Moreno, con Tomàs Grau a la cabeza, fue excelso, llegando a una sinergia total, intercambiándose el liderazgo de forma totalmente natural y con un gozo que podía palparse. Esa parte solista del cello en el segundo movimiento (un Ferran Bardolet perfecto) y ese juego de violines con el concertino Christian Torres marcando la recta final fueron lo más llamativo de la interpretación, pero todo el grueso de cuerdas de la OCM estuvo a un altísimo nivel durante la casi media hora que duraron las Cuatro Estaciones Porteñas. Tal fue la energía que personalmente sentí, que el hecho de que la lenta Oblivion sirviera como bis a esa primera parte con Leticia Moreno al frente fue para mí un calmado y necesario “regreso a la Tierra”. Me pondré poco técnico para rubricar esto, lo sé, pero la palabra que mejor define la actuación de Leticia Moreno y la OCM es brutal”. Solo con ver las fotografías oficiales de Martí E. Berenguer puede notarse el espíritu bravo de la ejecución.

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Varios y merecidísimos minutos de ovación a la violinista madrileña y la orquesta, y otros varios más de entreacto necesarios para todos para poder asimilar todo lo vivido, y la OCM salía de nuevo a escena para ofrecer las suites de los ballets de Estancia y el Pájaro de Fuego en todo su esplendor, con la entrada de vientos, metales y percusión.

En multitud de crónicas de la Orquestra Simfònica Camera Musicae he destacado lo que yo entiendo como su seña de identidad, complementaria a su talento como instrumentistas: esa gran energía que transmiten con su forma visceral de interpretar, viviendo lo que están tocando. Con las Cuatro Estaciones Porteñas eso fue más que latente, especialmente cuando se cruzaban miradas y sonrisas con Leticia Moreno durante el recital, pero la historia de amor y la forma de vida de los gaúchos que relata Alberto Ginastera en Estancia fue una auténtica bajada sin frenos para la energía de esta orquesta, muy bien recibida tanto para los músicos como para el público, que les aplaudió con la misma intensidad. Los cerca de 15 minutos que dura esa suite empiezan con una potentísima representación de la jornada de los gaúchos a lomo de los caballos salvajes para conectar con el segundo movimiento y más calmado, la pausa para comer. Con el tercer movimiento vuelve la animación, pero nada comparado con Malambo, la danza final que los gaúchos tradicionalmente bailan sin parar donde hacen gala de una gran resistencia, es precisamente eso para los músicos: un tour de force de casi 4 minutos lleno de animación, donde metales y percusión son los auténticos protagonistas y donde ves a los músicos gozar como pocas veces lo he visto en directo. No en vano ese Malambo fue además el bis de final de concierto.

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Y si PiazzollaGinastera habían logrado conectar tanto con el público con su vivaz música, era ahora momento para la solemnidad de la última pieza de la tarde: la suite del Pájaro de Fuego de Stravinsky: pura belleza i armonía musical, con esa energía y sobretodo esa felicidad que la OCM con Tomàs Grau al frente sabe transmitir como nadie. Ese inicio calmado, donde los vientos simulan el vuelo de aves y esa belleza en el Ronde des Princesses que choca frontalmente con la epicidad de la Danse Infernale du Roi Katschei para acabar con la solemnidad del Finale que puso la piel de gallina. 20 minutos donde todos los colores sinfónicos se dan cabida, y donde la Orquestra Simfònica Camera Musicae supo domar todos esos registros con elegancia y energía a partes iguales. El gran trabajo de Tomàs Grau conduciendo a los músicos por todos los recovecos armónicos fue sin duda excelente.

Y la decisión, como he dicho, de celebrar el final del concierto con la reinterpretación del Malombo de Estancia fue un broche de oro que puso en pie al público, y casi a la misma orquesta. El nivel de entusiasmo fue contagioso entre todos los que estábamos en el Palau de la Música esa tarde.

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En resumen, uno de los mejores conciertos a los que he asistido de la Orquestra Simfònica Camera Musicae, si no el mejor. Valiente, atrevido, con música y músicos jóvenes y de gran calidad, y que hicieron las delicias de un público que supo apreciar la original propuesta, y que espero sirva de punto de partida para ofrecer más recitales así las próximas temporadas. Y aún tuve el honor de poder fotografiarme con la estrella de la velada, la virtuosa Leticia Moreno, poder charlar con ella y que me firmara tanto el programa del concierto como su último álbum Piazzolla, que contiene las Cuatro Estaciones Porteñas como Oblivion.

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Y aunque se acercan fiestas, la OCM no descansa. En poco menos de 2 meses habrán preparado este concierto, y en pocos días ofrecerán la gira por España de la interpretación íntegra de la impresionante banda sonora que Bernard Herrmann compuso para Vertigo, la obra maestra de Hitchcock que cierra la (de momento trilogía) de trilogía de conciertos cinematográficos que iniciaron con Casablanca y que prosiguieron con Singin’ in the Rain. Pero eso no es todo. A mediados de enero la epicidad del Carmina Burana de Carl Orff resonará por todo el Palau de la Música de la mano de la formación catalana y que significará el retorno de Sara Blanch como invitada de la orquesta después del recital de arias de Mozart meses atrás. Y allí estaremos, para poder vivirlo y contarlo como es debido.

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