El sonido de Brad Mehldau con la OBC

Peculiar concierto el ofrecido por la OBC el pasado viernes 9 de noviembre en asociación con el Voll Damm Festival de Jazz de Barcelona. Brad Mehldau, uno de los más reputados pianistas de jazz del momento, aparecía en la Sala Pau Casals de L’Auditori para ofrecer un recital muy especial que se iniciaría con una suite de Mehldau solo al piano frente a su público, cargado de ese swing mezclado con lirismo que lo hace un intérprete único, y que seguiría (invirtiendo lo indicado en el programa) con la OBC interpretando una suite de la música que Jonny Greenwood, componente de Radiohead y compositor habitual de Paul Thomas Anderson, hizo para su film There Will Be Blood. Una música hipnótica, más basada en ideas y conceptos sonoros al límite de las secciones de la orquesta que en melodías, y que por desgracia su falta de cohesión musical y su presentación como movimientos independientes hizo de sus 6 piezas en 16 minutos una escucha más tediosa de lo que cabía esperar.

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Y llegaba el momento del Concierto de Brad Mehldau para Piano y Orquesta, composición encargada por Music Up Close Network, el proyecto europeo de colaboración de orquestas e instituciones musicales (entre las que se encuentran la OBC y L’auditori, junto a la Los Angeles Philharmonic, la Philharmonie de Luxemburgo, el London Jazz Festival, entre otras). Una composición que se presentaba la mar de interesante, pues Mehldau es compositor de jazz pero también ha hecho obras de pop contemporáneo y ha flirteado con el clásico y el barroco (es autor de un ciclo de canciones para la soprano Renée Fleming y también de un ciclo de canciones de música antigua para el tenor Ian Bostridge), y en la que se anunciaba un mestizaje entre los géneros jazzístico y sinfónico. Sin embargo, el público nos encontramos con que ese Concierto para Piano y Orquesta era una composición arriesgada que no correspondía a jazz sinfónico sino más bien a una sinfonía jazzística, donde las armonías y acordes de jazz estaban al servicio de una obra de clásico moderno. 35 minutos repartidos en 3 movimientos, de los cuales el segundo me convenció muchísimo pero los otros eran una evolución demasiado evidente de sus dos manos al piano reconvertidas a las secciones de la orquesta. El resultado global del Concierto para Piano y Orquesta, en un sempiterno medio camino entre el jazz y el clásico sin obtener la naturalidad de ninguno de los dos géneros, fue algo desalentador.

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