Avi Avital: un Vivaldi inaudito

Si Vivaldi no hubiera existido, habría que inventarlo. Una de las figuras más relevantes de la música barroca, influenció a otros genios como Bach o Haydn, pero al mismo tiempo que barroco fue romántico e impulsor de la llamada Escuela Veneciana, donde el objetivo era que oyente y compositor sintieran lo mismo al oír la música que el otro componía. Y era pelirrojo, además. Pequeña nota irónica que me concedo al serlo yo también.

Como melómano a caballo entre los siglos XX y XXI a partes iguales, descubrí a Vivaldi y el concepto de música barroca a través de un prisma muy poco usual: el Symphonic Metal del también italiano Luca Turilli y su banda Rhapsody, donde la escala barroca resurge en detrimento de la omnipresente pentatónica, y donde las melodías vivaldianas resuenan a diestro y siniestro entre la épica del coro y la orquesta, el doble bombo y los riffs de guitarra. Es por eso que cuando supe que la sección de cámara de una de mis formaciones preferidas, la Orquestra Camera Musicae, iba a acompañar a Avi Avital, el mandolinista israelí que ha revolucionado el barroco de Bach y Vivaldi, en su concierto sobre Vivaldi en el Palau de la Música Catalana el pasado domingo 26 de noviembre de 2017, iba a necesitar presenciarlo.

avi vitali ocm

Con tan sólo 13 músicos sobre el escenario: 7 violines (entre ellos Joel Bardoletconcertino de la Camera Musicae y que aquí también ejercía de director), 2 violas, 2 violoncelos, 1 contrabajo, y 1 clave, podría decirse que el concierto fue de pequeño formato, pero de gran talento. Desde la fila 7 de platea, el espectáculo se veía de lujo, y el Concerto Grosso en Re menor, RV 565 sonó a las mil maravillas. Ya lo dije en mi artículo del anterior concierto de la OCM, con Alice Sara Ott: la Camera Musicae es una orquesta salvaje, todo espíritu y vitalidad, y con una música tan compleja y potente como la barroca de Vivaldi, donde tantas líneas melódicas simultáneas luchan para ser las protagonistas, su forma de interpretar es todo un gozo.

Finalizada la obra inicial, hacía su aparición Avi Avital con su mandolina. La expectación era total, pues muchos conciertos de Vivaldi eran para violín y orquesta, y es el mismo Avital quien hace los arreglos para su inseparable instrumento. El silencio se rompió con el Concerto en La Menor, RV356, con los 14 músicos a escena al unísono.

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Qué belleza, qué sencillez en la forma de tocar del mandolinista, qué fácil parece. Y la Camera Musicae sonando a la perfección, en un tête à tête magnífico con Avital, nunca como meros acompañantes. El único punto flaco que resaltaría fue el clave de Josep Mateu, que en los tuttis su sonido desaparecía más de lo deseado. Una lástima, con lo que adoro personalmente el sonido del clave.

El siguiente concierto fue el Concerto en Do Major, RV425, con ese primer movimiento en que la mandolina copa toda la melodía y la orquesta sigue a Avital con pizzicatos con una precisión digna de un reloj suizo. A continuación tenéis un vídeo del final de este primer movimiento en el concierto de Tarragona, un día antes que el del Palau. Sublime:

 

Según el programa, con ese concierto finalizaba la primera parte, pero Avi Avital, en un estupendo catalán, se dirigió a la audiencia para presentarnos la interpretación de un concierto extra, el Concerto en Re Major, RV93. Aún no logro entender la extrema capacidad de entendimiento entre la Camera Musicae y Avi Avital, pues éste estaba de cara al público, ergo daba la espalda a los músicos. Sin duda el trabajo de Joel Bardolet y los demás músicos es digno de ser remarcado. El RV93 sonó igual de excelente que los otros dos, y con ese colapso cerebral que tanto me gusta que me provoque el barroco llegábamos al descanso. Descanso que sirvió para depararnos otra sorpresa fuera de programación al inicio del segundo acto, destinado a Las Cuatro Estaciones: Avital salió en solitario para interpretarnos la Chaconne de Bach para mandolina; pieza inédita incluso en el álbum del mandolinista dedicado al compositor alemán.

Los aplausos merecidos dieron paso de nuevo a la Camera Musicae, para interpretar el Concerto in G Minor, RV315, “El Verano”. No corresponde al concierto del Palau, ni tampoco a la Camera Musicae sino a la orquesta de la grabación del álbum Avi Avital Vivaldi, la Venice Baroque Orchestra, pero escuchar el último movimiento de “El Verano” es casi obligado, más con Avital como solista:

Con este flamante verano despedimos al mandolinista para que la OCM en solitario nos interpretara de forma brillante el otro concierto de “Las Cuatro Estaciones” que ponía fin al programa oficial, el Concerto en Fa Menor, RV297, “El Invierno”, el concierto para dos violines en el que Joel Bardolet y la solista de los segundos violines, Cati Reus, brillaron con luz propia. La fuerza con la que arrancó ese magistral primer movimiento fue inolvidable, pero ese final del tercer acto, ese allegro endemoniado, no hizo sino hacer llegar a la orquesta al agotamiento y a la excelencia.

Grandes aplausos para rendir pleitesía a la formación tarragonina, que llevaron a la entrada de nuevo del virtuoso de la mandolina para interpretar dos bises: primero el Largo del Concerto en Do Major, RV443, un bellísimo pasaje que sirvió para despedir la interpretación de la orquesta, y ceder todo el protagonismo a Avi Avital que en su segundo bis nos deleitó en solitario con Bučimiš, una pieza tradicional búlgara incluida en su último álbum, Between Worlds. Un prodigio virtuosístico tocar a esa velocidad una pieza con un compás imposible, un 7.5/4 contínuo que significó un fin de fiesta antológico.

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Pero aquí no acabó la velada. Avi Avital bajó al hall del Palau de la Música, donde en la zona de merchandising. Es tan virtuoso como humilde y cercano, y estuvo todo el rato que fue necesario para poder firmar CDs y hacerse fotos con todo el mundo.

Yo puedo decir que tuve la suerte que pude comprar los cuatro CDs que ha lanzado bajo el sello Deutsche Grammophon, que me los firmara y dedicara, e incluso pude darle la mano, hacerme fotos con él e incluso charlar un rato cuando el grueso de público fue disminuyendo. Un hombre muy sencillo, con unos dedos vertiginosos y una capacidad de entender la música como poca gente puede: poder reinventar los conciertos barrocos con la mandolina como solista.

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