Alice Sara Ott con la OCM

El concierto inaugural de la 6a temporada de conciertos de la Orquesta Camera Musicae en el Palau de la Música Catalana tenía que ser el recital de la OCM con Ainhoa Arteta en el que la soprano interpretaría los cuatro últimos lieder de Richard Strauss. Lamentablemente, ese concierto debía celebrarse el 1 de octubre, y los terribles hechos perpetrados contra la población civil catalana obligaron moralmente a suspender ese concierto.

A falta de saber aún si se podrá reagendar el citado evento con la soprano vasca, la Camera Musicae, con Tomàs Grau al frente, iniciaría su periplo de conciertos llena de invitados de renombre el 29 de octubre de 2017 con la joven y virtuosa pianista germano-japonesa Alice Sara Ott interpretando la Totentantz de Liszt, precedida por la Obertura Coriolá de Beethoven, y con la magna Scheherezade de Rimsky-Kórsakov completando el programa.

OCM alice sara ott

Nunca he sido muy fan de Beethoven. Aunque confieso que mi conocimiento sobre su obra se limitaba a las 9 sinfonías, su Missa solemnis y alguna que otra pieza más, sólo la misa me ha despertado cierto interés, lo demás lo encuentro demasiado rimbombante para lo plano y soso que resulta a los oídos, más cercano a la música pop que a algo más clásico. Pero Tomàs Grau dirigió de tal forma la OCM, y esa plantilla de músicos son tan viscerales y líricos simultáneamente, que tengo que rendirme a sus pies por la interpretación que hicieron de Coriolá. Sin duda, es la primera vez que Beethoven me sacudió, fue una experiencia increíble. Y sólo era el principio del concierto.

Momento de pausa para reordenar la formación de la orquesta y entrar el piano. Instantes de silencio, y aplausos para recibir a la menuda Alice Sara Ott, con su delgadez asiática pero con vivacidad y timidez europea. Y no la describo por razones estéticas y gratuitas: la transformación de Ott, la joven pianista descalza, cuando interpretó la Totentantz de Liszt fue apoteósica. Las célebres danzas de la muerte del compositor austro-húngaro del siglo XIX son un auténtico portento de virtuosidad, violencia, aspereza, y sequedad en contraposición con pasajes mucho más líricos e incluso románticos, compuestas como variaciones a piano sobre una base orquestal del Dies Irae de la misa de Réquiem.

OCM alice sara ott

Y si el vigor y la energía derrochada por Alice Sara Ott estaba al mismo nivel que el de la calidad de su interpretación, la Camera Musicae no fue menos. Tomàs Grau supo dotar del dinamismo necesario a la orquesta, y la simbiosis que consiguieron entre él y Ott era palpable desde mi asiento. A destacar una calidez inusitada en las cuerdas y en el omnipresente fagot, mientras los metales, esporádicos pero épicos, arrollaban con una fuerza tal que Wagner habría quedado impresionado.

Durante los veinte minutos de Totentantz, el escenario absorbió a todo el público en un agujero negro harmónico enorme, del que salimos con una ovación a la altura de la tremenda ejecución presenciada. Aparte de las grandísimas fotografías oficiales del evento, obra de Martí E. Berenguer, a continuación podréis comprobar la fuerza del concierto con el siguiente extracto oficial de la orquesta, grabado en directo en el Palau de la Música:

En teoría aquí terminaba la aparición de la pianista descalza, pero antes del descanso, decidió regalar un bis que a mí personalmente me puso la piel de gallina. He visto y oído pianistas que me han emocionado sobremanera, pero nunca antes había visto a un pianista emocionar a un piano. Y Alice Sara Ott, con su interpretación que hizo del Nocturne #20 in C Sharp Minor de Chopin, lo hizo, dejando sin respiración a todo el Palau de la Música. Prueba de eso fue los casi diez segundos que tardó a sonar el primer aplauso desde que Ott levantó las manos del piano; tal fue el éxtasis en que todos entramos.

OCM alice sara ott

Despedimos a la joven pianista para pasar al descanso, necesario tanto para la orquesta como para el espectador. Acabábamos de presenciar una pieza de potencia desmedida y seguidamente se nos había metido el corazón en un puño con un bis; era necesario coger aire, sobretodo con lo que venía a continuación: Sheherezade, la suite sinfónica de 45 minutos en 4 movimientos inspirada en Las Mil y Una Noches compuesta por Nikolai Rimsky-Kórsakov a finales del siglo XIX. Una de mis suites preferidas del género clásico, por cierto.

La OCM tendrá poco más de 10 años de vida, pero sin duda la vitalidad y la energía que emanan en directo les hacen llegar a un nivel de prestigio y veteranía fuera de toda duda. Alejándose de velocidades vertiginosas e intentos de explosión de virtuosismo, Tomàs Grau prefirió dirigir a sus músicos en un tour de force casi sin pausas entre movimientos, pausado pero lleno de la fuerza dramática que destila la fantasía del relato. Cambiar vertiginosidad por expresidad fue todo un acierto, en mi opinión.

OCM alice sara ott

Como he dicho, los cuatro longevos movimientos, “El mar y el barco de Simbad”, “La historia del príncipe Kalendar”, “El joven príncipe y la joven princesa” y el flamante final con “Festival de Bagdad” fueron interpretados sin apenas descanso. El público ni siquiera aplaudió entre movimientos, para no romper la magia y la fantasía en las que la Camera Musicae se había tirado de cabeza. Los cambios de intensidad, de tempo, e incluso de registro (de la épica al romanticismo, del romanticismo al misterio, del misterio a la magia, de la magia a la fantasía) fueron llevados con grandísima maestría por la batuta de Grau. Los metales y las cuerdas estuvieron espléndidos, y cada uno de los múltiples solistas que disponen de diálogos con la orquesta para lucirse hicieron un papel soberbio, sin fisuras, con una continuidad lírica y dramática excelente.

La ovación cuando el “Festival de Bagdad” fue unánime. No había sido un concierto sencillo para nadie, ni para los músicos, ni para el director, ni para el público. En cierto sentido, todo el mundo estaba agotado, pero de un cansancio de los satisfactorios, de saber que ese duelo sonoro había acabado con una clara victoria para la formación tarragonina, de la que pueden sentirse orgullosos.

OCM alice sara ott

Este año intentan coronarse con un leitmotif propio, el de “La Sinfónica Mediterránea”. No sé si lograrán, a corto plazo, subir suficientes peldaños para ser reconocidos internacionalmente como una de las grandes, pero si en una década han alcanzado el nivel actual sin duda han encontrado el camino a seguir. La cohesión de todos los integrantes de la Orquesta Camera Musicae está fuera de toda duda, y avanzan como un solo cuerpo, mazizo y lleno de energía. Y eso no todas las orquestas pueden decirlo.

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