Terrormolins 2017 (parte 2)

El segundo día de Terrormolins era uno de los más esperados tanto por el público como por la prensa. Los dos pases de los cortos de terror a competición que componen el primer sábado de festival siempre son muy emocionantes, con altibajos claro está, pero con cortometrajes de gran nivel. A continuación tenéis el cartel oficial con los 19 cortometrajes a competición.

CURTS2017

Como hubo dos pases, y son muchos, no es conveniente tampoco explayarse demasiado, así que sin hacer spoilers, intentaré analizar todos los cortos en formato twit: menos de 140 caracteres por película, divididos en sesiones y orden de apariciónRoger Sàbat, coordinador del festival, fue el presentador de las dos sesiones que congregaron gran cantidad de público al teatro de La Peni de Molins de Rei, la sala habitual de Terrormolins. Una lástima que, supongo que por cuestiones de tiempo, los directores presentes de varios de los cortos no salieran al escenario.

PRIMERA SESIÓN

  • L’Ora del Buio: con uno de los principios más inquietantes que he visto en años, este alucinante cortometraje pierde fuelle a medida que avanza, acabando bastante más abajo de lo altísimo que empieza. Una lástima porque es brutal.
  • Centrifugado: una gran historia bien contada y filmada, con el toque justo de misterio y un desenlace más que interesante. A mi juicio le sobra la última secuencia, pero sin duda es uno de los cortos más redondos de la noche, y catalán.
  • Féroce: animación francesa de altísima calidad, misteriosa y gore a partes iguales, pero cuyo argumento fui incapaz de entender. Muy chulo pero no deja muy claro qué quiere contar.
  • Ellos: corto muy corto, español, sobre terrores de nuestros días, y no digo más para no hacer spoiler. Filmado con un gusto exquisito, se ve venir un poco pero no por ello te deja hecho menos polvo.
  • Jitterman: A mi juicio, el primer bluf de la noche. niño pequeño, chica canguro, los padres salen, alguien ronda la casa. El villano es inquietante, pero el corto se hace largo, algo pesado y previsible, y el guión está infestado de lugares demasiado comunes. La idea no es mala, pero se ha visto mil veces.
  • Cauchemar Capitonné: Para mí, el mejor corto de todos los de este año. Chulísimo cortometraje sobre una silla (sí, una silla) y lo que ocurre cuando alguien se sienta en ella. La propuesta es arriesgada pero funciona a las mil maravillas.
  • Blood Shed: divertidísima comedia absurda sobre un cobertizo asesino. El mayor acierto es no tomarse en serio a sí mismo, y regalar un humor negro muy bien medido. Los créditos incluyen tomas falsas para hacerlo más fiestero, si cabe.
  • Goodnight, Gracieuna niña ve el desenlace fatal de su madre, y se encomienda a dios para protegerse del agresor. Algo naïf, pero ya lo pretende. Bastante bueno, la moraleja es lo mejor del corto.
  • Health, Wealth & Happiness: nunca intentes engañar al diablo pidiéndole deseos, él (ella en este caso) siempre será más listo que tú; muy bien rodado, con una interesantísima diablesa, el final es algo previsible pero no por ello menos impactante.

Entre las dos sesiones hubo tiempo de sobras para poder cenar con tranquilidad en la carpa habilitada por el festival (donde se celebró la fiesta la noche anterior, y donde en pocas horas se celebraría otra). Las estufas de la carpa funcionaban a la perfección, y ayudaba que hiciera bastante menos frío que el viernes.

A las 22:00, todo el mundo de nuevo a la sala, a disfrutar de la segunda sesión de cortos, que resultaría algo más irregular que la anterior, que salvo alguna excepción, había mostrado un nivel notable.

SEGUNDA SESIÓN

  • Petul: sería uno de los mejores cortometrajes de la noche, por la forma como se ejemplifica la personalidad del maltratador, sino fuera porque el 90% del cortometraje es slow motion, e intenta ser super trascendental para darse la vuelta y ser demasiado pedante.
  • Le Cowboy du Mont Laurier: pausado e implacable corto canadiense sobre cómo comportarse ante desconocidos en lugares solitarios. El sutil toque de humor negro le suma muchos puntos.
  • 9 pasos: buenísimo cortometraje español sobre el terror infantil más obvio de todos: el miedo a la oscuridad. Quizá la única pega es no juega con la imaginación del espectador, y enseña más de lo que debería, pero es muy bueno.
  • Hell of a Day: el segundo bluf. En un apocalipsis zombie, narra el transcurso de varios días de una chica a salvo pero encerrada en un sitio sin salida. Con un final sin demasiada sorpresa, es una pena que se alargue tanto la espera hasta el desenlace.
  • Liz Drives: con una idea magistral que desemboca en un final sorprendente, este corto australiano tiene un potencial brutal, pero el recorrido del propio corto es muy irregular y carente de gancho. Podría considerarse el tercer bluf.
  • Juliette: segundo y último cortometraje animado de este año, si el primero era francés este era belga. Con animación algo tosca pero con las ideas mucho más claras que Féroce, habla sobre el terror del propio subconsciente de una joven al frente de sus amigas.
  • Aprieta pero raramente ahoga: cortometraje español entre cachondo y bizarro sobre una entrevista a un posible cuidador de perros en una casa burguesa. Muy bien interpretado, lástima que el desenlace se ve venir a la legua.
  • Filippa: inquietante cortometraje sueco, áspero y seco como buen producto nórdico, con el toque justo de terror de un padre en busca de su hija en su propia casa, y el acierto de “no enseñar”. Excelente.
  • Daemonrunner: con un punto de partida interesantísimo mezcla de Terminator y Cazafantasmas, su propio argumento se diluye en algo mucho más soso, dejando sensación de “quiero y no puedo”. Parece más un adelanto de una película que un cortometraje.
  • We together: una visión diferente, y más musical, del fenómeno zombie. Sin ser una obra maestra, fue una agradable y amena forma de terminar los cortometrajes.

La segunda sesión acabó, y por gentileza de Recaredo, excelente casa de vinos y cavas del Penedès, hubo cocktail de sus excelentes productos en la carpa. Y música, y servicio de bar, y buena compañía. Y uno tenía que excusarse temprano, porque a las 11 de la mañana del domingo tenía un concierto en L’Auditori de Barcelona, y no sé cómo, acabé llegando a casa a las 6:30 de la mañana. Pero eso es otra historia…

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